Ver (y compartir)

 

¿Qué impulsa a alguien a hacer una foto? Probablemente ha visto algo que le llama la atención, algo que desea inmortalizar. Un instante que han visto fugazmente sus ojos pero que le han llamado la atención. Sin embargo, en un mundo post fotográfico, más importante aún que el hecho de hacer una foto es el hecho de querer compartirla, de difundirla. En definitiva, de que esa imagen captada por sus ojos se transforme en comunicación social.

Esto es posible hoy gracias a los smartphones, pequeños ordenadores que, entre otras muchas funciones, permiten también hacer fotos con una calidad asombrosa en cualquier lugar en el que estemos.Si hubiéramos comentado esta posibilidad a las anteriores generaciones, que cargaban con una cámara fotográfica y sus farragosos carretes, cautelosos a la hora de sacar estas instantáneas porque se limitaban a 24 ó 36 fotos de capacidad. probablemente no nos hubieran creído.

Por eso impresiona saber el volumen actual de fotos: cada día se suben a Instagram unos 100 millones de imágenes. Parpadeos de millones de personas que no quieren retener, sino compartir. Algunos buscan los detalles de algo más amplio, otros lo que llaman “the big picture”, todo el panorama general (por eso también nos gustan tanto las fotos paisajísticas). Pero en definitiva lo que hoy busca alguien al hacer una foto es mostrar el mundo con sus ojos, ya sea la belleza o la fealdad, la simplicidad o la complejidad, ya sea algo externo o a uno mismo (y a veces también acompañantes) mediante un selfi. Porque ver es saber, y como decía Holmes a Watson, “usted ve pero no observa”. Queremos conocer a los demás a través de sus ojos. Contemplar un trocito de realidad que otros han decidido que vale la pena ver (y compartir). Aunque no nos solemos plantear qué grado de artificiosidad hay detrás. A mí, por el contrario, yendo más allá, me gusta imaginar qué pasaría si algún día la cámara es nuestro propio ojo y pudiéramos hacer fotos con un leve parpadeo…

 

 

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Visualizando lo visual

Es la primera vez en la historia que nuestra mirada se ha democratizado y podemos dirigirla hacia lo que de verdad nos interesa

No es novedad que nuestro mundo es cada vez más visual. Síntoma del cambio de paradigma, y también consecuencia del progresivo aumento en el ancho de banda del flujo de información mundial, comunicamos a través de imágenes más que de palabras. La oralidad y la textualidad siguen teniendo importancia (leemos más que antes, escuchamos más radio y música que antes), pero, como animales que hemos heredado un fuerte componente visual, indispensable para nuestra primera supervivencia, estamos acostumbrados a expresar mucho más, a sugerir mucho más, mostrando una sola imagen. Ya lo dice el refrán “vale más una imagen que mil palabras”.

La ensalada de medios en la que nos movemos cada día, con diferentes nombres como transmedia o cross-media, es una reformulación del papel que tiene la comunicación en nuestra historia y nuestras vidas. Y nuestra mirada, la forma que tenemos de ver, observar y, en última instancia, compartir nuestra cosmovisión del mundo, se ha abierto como nunca antes. Ahora no solo vemos, sino que enseñamos lo que vemos y, así, construimos una nueva mirada colectiva, colaborativa, que pinta un fresco fotográfico y sociológico de quienes somos.

Nuestro ojo tiene el poder de visibilizar (e invisibilizar) aquello a lo que otorgamos importancia. El hecho de poder compartirlo da un paso más en esta construcción visual del estatus de la realidad. Intervenimos sobre la realidad al observarla, pero más aún al compartirla, al publicarla, al decir a los demás: ¡fijaos en esto! Y esto es toda una revolución. Antes, los poderosos eran los que dirigían nuestra mirada, como bien dice nuestro admirado Antonio Rodríguez de las Heras. Veíamos la realidad en los ojos de los poderosos, que observaban con interés determinados asuntos mientras miraban para otro lado en otros casos. Pero la mirada se ha democratizado ahora. Todos tenemos una herramienta disruptiva en el bolsillo que además de para comunicarnos auditiva o textualmente hace fotos. Ver algo, fotografiarlo y compartirlo lleva apenas unos segundos y es algo cada vez más común sobre todo porque no hace falta saber cómo funciona una cámara de fotos para hacer una foto bonita (ya están ahí los filtros y algoritmos para ayudarnos).

Photographing_the_Eiffel_Tower_at_dusk
Fuente: Wikipedia

 

Poco a poco iré mostrando aquí mi última investigación: una visualización de cómo vemos a través de Instagram en Granada. En MediaLab UGR estamos recopilando datos sobre las fotos que se publican en esta red social en esta ciudad como ensayo para estudios más amplios, pero estoy ansioso por conocer ya las claves de nuestro ojo granadino: ¿qué fotografiamos? ¿Qué compartimos? ¿Por qué? ¿Qué tipos de fotógrafos digitales hay en Granada? ¿Hay zonas más visibles que otras como la Alhambra? ¿Son realmente las más bonitas? Estas y otras preguntas quiero ir respondiendo a partir de ahora y a través de este blog, espero que por eso también más activo que antes.