Móvil encriptado: prohibida la entrada

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Uno de los grandes debates en esta Era Digital se sitúa en torno al controvertido tema de la privacidad, como ya pusieron de relieve en su día Julian Assange y Edward J. Snowden. Esta vez, paradójicamente, ha sido Apple la encargada de volver a poner en primera línea el mencionado asunto, al negarse a desbloquear un iPhone al FBI para una pesquisa policial.

Pero las cosas no son tan sencillas. Desde otoño de 2014, Apple renunció a poder acceder a los datos de los terminales del individuo que los encripte. No ocurre lo mismo con su servicio de nube iCloud, al que sí que tiene acceso y es ‘hackeable’, como demostró recientemente el robo de fotos personales de famosos como Jennifer Lawrence. De hecho, de las más de 11.000 peticiones judiciales de acceso a las cuentas de iCloud, Apple atendió positivamente a más de 7.000. La disposición, por tanto, de los de Cupertino está fuera de toda sospecha. El problema ahora es que los feds quieren abrir el dispositivo en sí, el iPhone, lo que, si está encriptado con una clave de 256 bits, es casi imposible, y para lo que Apple tendría que crear un software que actualmente no posee, y que, ahí está la clave, serviría para desbloquear futuros iPhones implicados en sucesos criminales. Desbloquear uno sería desbloquearlos a todos, como el anillo único de Tolkien.

La negativa de la compañía, en una publicitada carta del CEO Tim Cook, ha sonado, dicen los federales, a estrategia controlada de marketing. Pero los de Cupertino afirman que en el centro de todo está la importancia, por encima de todo, del usuario. La polémica está servida: ¿Apple busca dar seguir dando valor a su marca o hay una verdadera postura en pos de la defensa de la privacidad del usuario? Por otro lado, el interés del FBI parece altamente sospechoso. ¿Se les han agotado las líneas de investigación para, ahora, seguir investigando mediante el móvil del terrorista? ¿Dónde estaría entonces la línea roja de la privacidad? O mejor dicho, ¿quién la marca? ¿El usuario o la compañía a la que has comprado tu móvil?

No estoy en contra de que, llegado el caso, abran los datos que de mí tienen Google, Facebook o Twitter, por ejemplo, pues yo mismo he proporcionado esos datos o los he hecho públicos, pero lo que hay dentro, en la memoria interna de mi móvil podría equivaler a entrar en mi casa. Y hasta aquí, señores, habríamos llegado.

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