Música y magdalenas

La música evoca momentos de mi vida como ningún otro sentido es capaz de hacer.

Este fin de semana ha sido especial. U2 tuvo la gentileza de regalarme el viernes su nuevo single y alegrarme el fin de semana. Lo he tenido en mi oreja (y mi cabeza) estos dos últimos días, recorriendo mis venas lentamente, como un buen veneno o droga. Y es que no sé cómo será vuestra relación con la música, pero la mía es apasionada e intensa, a veces a un punto de ser enfermiza. Hay ocasiones (como este fin de semana) que necesito desesperadamente escuchar una canción, porque suena en mi cabeza y tengo que hacerla resonar fuera de ella.

Mi dieta musical tiene sus épocas y ciclos. Hay momentos vitales que escucho de todo, otros en los que me centro en algún grupo o compositor y otros en los que un disco entero me engancha semanas enteras. También hay grupos que me han impactado especialmente, que jalonan mi ciclo vital de hitos especiales. O hay canciones asociadas íntimamente a momentos concretos y específicos de mi vida. Y vuelvo una y otra vez sobre mis grupos favoritos, así como descubro de vez en cuando alguna joya escondida en la inmensidad del océano musical (ser usuario premium de Spotify ayuda mucho).

Bob Dylan performing at St. Lawrence Universit...
Bob Dylan performing at St. Lawrence University in New York. (Photo credit: Wikipedia)

Por ejemplo, últimamente, cuando se acercan estas fechas, con mi cumple a la vista (será que me siento más viejuno) el gran Bobby Dylan vuelve a asomar por mi vida. Llegué tarde a él pero ahora es un imprescindible más. Y lo es todavía más al descubrir que a mi hijo Leo le relaja profundamente la voz grave y nasal del de Minnesota acompañada de su sempiterna guitarra. Algún día tendré que explicarle también la revolución que sus letras significaron para la música popular y que, junto a los Beatles, explican gran parte de la evolución del rock en el siglo XX.

Podría clasificar los artistas/grupos que me apasionan en dos: los extinguidos y los activos, los que aún siguen produciendo música. Los primeros son artistas cuyo catálogo está, en principio, cerrado y terminado al ser proyectos finiquitados por defunción, abandono o dejadez. Me refiero a grupos como Led Zeppelin, los Beatles, Queen, Hendrix, Joplin, los Doors, Nirvana, Pink Floyd, Police, MarleyGuns N’ Roses, Rage Against The Machine… Tienen el catálogo musical que tienen y no hay más, por mucho que las compañías (o parte no significativa del grupo) se empeñen en publicar toda clase de maquetas encontradas, rarezas, directos, reencuentros, revivals o novedosos mash-ups de difícil digestión.

Y luego están los grupos/artistas en activo, que siguen sacando discos. De éstos, hay algunos que marcan hitos en mi vida, escalones en mi escalera al cielo. Son grupos con los que he crecido, que me han ido acompañando en mi día a día, empujándome un poquito más hacia el horizonte, y de los que he vivido sus nuevos discos como acontecimientos importantes: Depeche Mode, U2, los Cure serían los más significativos de ellos, de los que más me han marcado. Si todos recordamos dónde estábamos el 11-S, yo recuerdo perfectamente cuándo, cómo y dónde fue la primera vez que escuché el Pop de U2 o el Ultra de Depeche Mode. Ambos discos son buenos ejemplos de lo importantes que pueden llegar a ser en la vida de alguien por coincidir con determinados momentos (en este caso, 1997, mi incorporación al mundo universitario y consiguiente apertura al mundo).

Old Vinyl
Old Vinyl (Photo credit: fensterbme)

Por eso, cada vez que alguno de estos grupos saca disco, es una excusa para recordar toda su carrera y, a través de ella, mi vida vivida a través de sus canciones. Cada una significa algo, me recuerda algo concreto. Se parece un poco a los olores o los sabores, como la magdalena de Proust, que evocan poderosamente recuerdos que se disparan como un resorte en mi cabeza, a veces para el deleite, a veces para la sorpresa, pero siempre para mi disfrute.

Esta es una de las razones por las que la música es tan importante: es mi obsesión, mi religión, alimento para mi alma, me ayuda a soportar los malos momentos y me alegra los buenos, es mi conexión con muchos de mis amigos y conocidos. Me saluda al levantarme y me despide al acostarme. Es como “la fuerza” de Star Wars: “nos rodea, nos penetra, y mantiene unida la Galaxia”. Me permite, en definitiva, revivir y recordar mi vida a cada paso, para hacer balance, pero también para tomar impulso, mirar adelante y trabajar para un futuro cada vez más estimulante.

¡Gracias por estar siempre ahí!

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