Esperando a Trabajo

Esperando a Trabajo

Las promesas rotas para una generación desilusionada

  1. Cuando en clase de Relaciones Laborales preguntaba a mis alumn@s por el significado de la palabra “trabajo”, normalmente aparecía la acepción clásica: actividad humana productiva y remunerada. Lo que ninguno de ellos conocía es que, etimológicamente, “trabajar” (tripaliare) proviene de la palabra latina tripalium, un instrumento de tortura romano con tres palos donde se ataba al sujeto para azotarlo. La concepción original que el trabajo tenía en sus orígenes era, por tanto, muy despectiva, y era una actividad indigna, desempeñada por los estratos sociales más bajos (los esclavos, aquellos sin propiedad siquiera sobre su vida).
  2. Esta visión del trabajo cambió con la modernidad, debido a todos los procesos que las sucesivas revoluciones industriales provocaron, entre ellos el éxodo rural masivo de miles de personas que abandonaron el campo para trabajar en las incipientes ciudades o el progresivo proceso de aburguesamiento y nacimiento de la clase media. La inicial situación de explotación laboral desembocó en la aparición del movimiento obrero y la organización para la lucha por los derechos laborales.¿Por qué os cuento todo este rollo? Porque el mundo del trabajo está ahora sufriendo otra revolución como la acontecida en el siglo XIX. Ahora nos están diciendo a todos que no hay que esperar encontrar un trabajo, nadie va a darte uno. Hay que cambiar el chip, no basta con ser empleado, hay que ser emprendedor, hay que ser un poco empresario, crear tu marca personal, venderte a ti mismo como si fueras un producto, en definitiva: crear el trabajo, no buscarlo. El polémico Risto Mejide recogía en este artículo esta nueva manera posmoderna de pensar el trabajo.
  3. Los que me conocen saben que actualmente estoy en desempleo (lo que no significa, como algunos otros creen, que no esté haciendo nada; buscar trabajo es un trabajo en sí). He tenido múltiples empleos: camarero, dependiente de ropa, organizador de un evento de marketing, locutor de radio, investigador, docente… Obviamente, algunos me han gustado más que otros, pero en todos creo haber demostrado capacidad para desempeñar el trabajo. Sin embargo, en todos ellos encontré demasiados en común: competitividad exacerbada, individualismo, sectarismo y lobbys de influencia, absolutismo, explotación y un sinfín de decepciones más, falta de creatividad y sinergias, el cada uno por su lado y mirar sólo por sus intereses, “quítate tú pa ponerme yo”, etc., especialmente si has sido el último en llegar. En definitiva, la competitividad del sistema, iniciada ya desde la escuela, impregnaba de tal forma el mundo laboral que, en muchos, sentidos, choca frontalmente con las necesidades del actual ciclo económico, que ahora exige polivalencia, versatilidad, trabajo en equipo…
    No sabía cuán interiorizado tenía el sistema educativo y cómo éste había matado mi creatividad, como afirma el genial Sir Ken Robinson en esta interensantísima charla de TED.com.
  4. Sir Ken Robinson_Las escuelas matan la creatividad TED 2006
  5. El caso es que a toda mi generación nos convencieron de que el FP era para los que no valían, que las ciencias eran más que las letras y que un título universitario te garantizaba el acceso al trabajo. El afán por mostrar que teníamos que enfrentarnos a un macro laboral tan competitivo que teníamos que marcar la diferencia estaba tan interiorizado que se creó la titulitis: el afán o el ansia por tener un título cuanto más alto, mejor, porque eso iba a garantizar un empleo (así como que el precio de la vivienda nunca iba a bajar, ¿eh, amigos banqueros?).
  6. La fiebre de la titulitis se extendió tan rápido que hoy, cuando alguien finaliza la carrera (perdón, ahora es “el grado”), no le queda más remedio que, para seguir diferenciándose de los demás, seguir escalando académicamente haciendo (pagando, y cada vez más caro) el Máster y el Doctorado.
    ¿Pero después de la erradicación del analfabetismo el acceso a la educación no iba a ser un bien social de primer orden y no otra incongruencia más del sistema? Ahora resulta que el nivel educativo sirve para categorizarnos a lo hora de desempeñar un trabajo. Tú sí que vales… pero para esto o para esto otro, nada más. Es verdad que la extensión del acceso a la educación, conseguido en el siglo XX tras las luchas obreras y la creación del Estado de Bienestar, extendió los beneficios del conocimiento a todas las capas de la sociedad. Y el conocimiento es poder, como dijo Bacon (Kevin no, el otro, Francis).
  7. Algunos defienden que el capitalismo es justo por cuanto proporciona una posición de partida igualada para que el propio sistema se encargue de detectar y ensalzar el talento individual. Este argumento meritocrático afirma que el triunfo personal no se relaciona con el origen de clase (hoy seguimos sabiendo que esto no es así y la suerte de nacer en una familia u otra sigue siendo un factor muy determinante en el futuro de cualquiera): el que tiene talento llegará lejos al tener las mismas oportunidades independientemente de sus recursos y orígenes familiares. Pero esta corrección de la desigualdad social ha fallado estrepitosamente. Si de verdad funcionara no tendríamos una tasa de paro juvenil del 56%. Me refiero al olvidado asunto del desarrollo de las capacidades.
  8. Yo estoy buscando empleo, y es cierto que es una época de inseguridades, reflexiones y replanteamientos vitales. Además, la llegada de mi primer hijo Leo me hace pensar en nuestro futuro continuamente. Para crear un empleo, como me pide ahora el mercado laboral hay que conocerse a uno mismo. Gnóthi seautón, conócete a ti mismo, que rezaba el templo de Delfos, y así conocerás el mundo. Piensa en lo que se te da bien, de lo que eres capaz, y poténcialo para ganarte la vida así. Este mundo está cambiando muy deprisa y, para muchas cosas, estamos volviendo a nuestras raíces, a nuestro contexto local, a enraizarnos de nuevo en la tierra que nos ha visto nacer. No por casualidad llamó McLuhan a esta era la de la aldea global. Por tanto, no te preocupes por el título, preocúpate de tus capacidades, de lo que sabes hacer y lo que te gusta hacer, lo que se te da bien y porqué, de lo que puedes aportar a esta sociedad a cambio de lo que ella te aporta a ti. Tenemos demasiado poco tiempo como para pasarlo mal en el trabajo. Están surgiendo muchas iniciativas novedosas que detectan demandas sociales. ¿Por qué no ser tú el que emprende esta aventura?
  9. Las promesas rotas a mi generación deben convertirse en oportunidades para reinventarnos a nosotros mismos y, por ende, a la sociedad entera. Y las instituciones sociales características del proyecto de la Modernidad no nos van a ayudar a ello porque pertenecen a otra época. Al igual que en la lucha obrera, este reto es sólo nuestro, así como nuestra la responsabilidad de un futuro para nuestros hijos. Por eso, como en la obra de Beckett, Esperando a Godot, no podemos quedarnos esperando ese trabajo que nunca llegará pues, si no, nos pasará como a los personajes al final de la obra:

    – Alors, on y va? 
    – Allons-y. 
    Pero nos quedamos en el mismo sitio…

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